Guillermo Blest


    Información biográfica

  1. Crepúsculo
  2. El primer beso
  3. Mirada retrospectiva
  4. Soneto



  5. Información biográfica

      Nombre: Guillermo Blest Gana
      Lugar y fecha nacimiento: Santiago, Chile, 28 de abril de 1829
      Lugar y fecha defunción: Santiago, Chile, 7 de noviembre de 1904 (75 años)
    Arriba
      Crepúsculo
        ¡Hora de bendición, hora de calma,
        Cuánto places al alma!

        Los recuerdos de un bien desvanecido
        Ha largo tiempo ya, su faz doliente
        Levantan de los muros del olvido
        Y a reposarse vienen en mi frente.

        Dulce, inocente, bella y amorosa,
        Sueño feliz de juvenil deseo,
        Entre las nubes de topacio y rosa
        De mi primer amor la imagen veo.

        Y en lontananza, deshojando flores
        De exquisita y purísima fragancia,
        Con las vagas memorias de mi infancia,
        Los delirios sin fin de mis amores.

        Con dulce y melancólica sonrisa
        A mí se acercan los fantasmas bellos,
        Y juegan al pasar con mis cabellos
        Como ligera y perfumada brisa.

        Uno me llama su primer amigo,
        Otro me nombra su primer hermano,
        Y uno muy bello, al estrechar mi mano,
        Me dice: "Siempre viviré contigo".

        Y se alejan después, y mis deseos
        Su vuelo siguen con alado paso,
        Mientras en los vapores del ocaso
        Me fingen mis primeros devaneos:

        Sueños de dicha, aspiración de gloria;
        De amor, poemas dulces, ignorados;
        Pueblos libres; tiranos destronados...
        ¡Quimeras que aún adora mi memoria!

        Y se acercan de nuevo en leve giro,
        Besando al paso mi abrasada frente,
        Mientras la luz, que muere en occidente,
        Me envía un melancólico suspiro.

        ¡Suspiro triste, de armonías lleno,
        Queja tal vez de un corazón que me ama,
        Postrer rayo quizás de aquélla llama
        Que fecundaba mundos en mi seno!

        Mundos de amor, de dulces armonías,
        Poemas encantados y risueños
        Que alumbraba, en el mundo de mis sueños,
        El bello sol de mis hermosos días.

        ¡Volved, volved, espíritus amantes!
        Joven aún, mi corazón palpita:
        Si enfermo estoy y como flor marchita
        Me veis, volved, espíritus errantes.

        ¡Volved, volved! Ya veo vuestras galas,
        Ya el pecho arroja su mortal angustia;
        Batid así sobre mi frente mustia
        Con tierno amor vuestras doradas alas.

        Joven yo soy: el corazón valiente
        Es como roca por el mar batida.
        Venid, llegad, tormentos de la vida,
        ¡Siempre serena miraréis mi frente!

        Ya de diamantes se tachona el cielo.
        Fanales llenos de esplendor y gracia,
        Venid como después de la desgracia
        Nos vienen la esperanza y el consuelo.

        ¡Salud, puros ensueños de la mente!
        ¡Salud, bellos fantasmas del pasado!
        Quien os tiene, jamás es desgraciado.
        Venid a reposar sobre mi frente.

        Uno se acerca y me apellida amigo,
        Otro me nombra con amor hermano,
        Y uno muy bello, al estrechar mi mano,
        Me dice: "¡Siempre viviré contigo!"

        ¡Cuánto places al alma,
        Hora de bendición, hora de calma!
      Arriba

      El primer beso
        Recuerdos de aquella edad
        De inocencia y de candor,
        No turbéis la soledad
        De mis noches de dolor:

        Pasad, pasad,
        Recuerdos de aquella edad.

        Mi prima era muy bonita,
        Y no sé por qué razón
        Al recordarla palpita
        Con violencia el corazón.
        Era, es cierto, tan bonita,
        Tan gentil, tan seductora,
        Que al pensar en ello ahora,
        Algo como una ilusión
        Aquí en el pecho se agita,
        Y hasta mi fría razón
        Me dice: ¡Era muy bonita!

        Ella, como yo, contaba
        Catorce años, me parece,
        Mas mi tía aseguraba
        Que eran solamente trece
        Los que mi prima contaba.
        Dejo a mi tía esa gloria,
        Pues mi prima en mi memoria
        Jamás, jamás envejece,
        Y siempre está como estaba
        Cuando, según me parece,
        Ya sus catorce contaba.

        ¡Cuántas horas, cuántas horas
        De dicha pasé a su lado!

        ¡Pasamos cuántas auroras
        Los dos corriendo en el prado,
        Ligeros como esas horas!
        ¿Nos amábamos? Lo ignoro:
        Sólo sé lo que hoy deploro,
        Lo que jamás he olvidado,
        Que en pláticas seductoras,
        Cuando me hallaba a su lado,
        Se me dormían las horas.

        De cómo le di yo un beso,
        Es peregrina la historia;
        Hasta ahora, lo confieso,
        Con placer hago memoria
        De cómo la di yo un beso.
        Un dial solos los dos,
        Cual la pareja de Dios,
        Cuya inocencia es notoria,
        Nos fuimos a un bosque espeso,
        Y allí comenzó la historia
        De cómo la di yo un beso.

        Crecía una hermosa flor
        Cerca de un despeñadero;
        Mirándola con amor
        Ella me dijo: "Me muero,
        Me muero por esa flor".
        Yo a cogerla me lancé,
        Mas faltó tierra a mi pie;
        Ella, un grito lastimero
        Dando, llena de terror,
        Corrió hasta el despeñadero...
        Y yo me alcé con la flor...

        Dos lágrimas de alegría
        Surcaron su rostro bello,
        Y diciendo-. "¡Vida mía!",
        Me echó los brazos al cuello
        Con infantil alegría.

        Fuego y hielo sentí yo
        Que por mis venas corrió,
        Y no sé cómo fue aquello,
        Pero un beso nos unía...
        Dejando en su rostro bello
        Dos lágrimas de alegría.

        Después... ¡revoltosa mar
        Es nuestra pobre existencia!
        Yo me tuve que ausentar,
        Y aquella flor de inocencia
        Quedó a la orilla del mar.
        Del mundo entre los engaños
        He vivido muchos años,
        Y a pesar de mi experiencia,
        Suelo a veces exclamar:
        ¡La dicha de mi existencia
        Quedó a la orilla del mar!

        Recuerdos de aquella edad
        De inocencia y de candor,
        Alegrad la soledad
        De mis noches de dolor;

        ¡Llegad, llegad,
        Recuerdos de aquella edad!
      Arriba

      Mirada retrospectiva
        Al llegar a la página postrera
        De la tragicomedia de mi vida,
        Vuelvo la vista al punto de partida
        Con el dolor de quien ya nada espera.

        ¡Cuánta noble ambición que fue quimera!
        ¡Cuánta bella ilusión desvanecida!
        ¡Sembrada está la senda recorrida
        Con las flores de aquella primavera!

        Pero en esta hora lúgubre, sombría,
        De severa verdad y desencanto,
        De supremo dolor y de agonía,

        Es mi mayor pesar, en mi quebranto,
        No haber amado más, yo que creía,
        ¡Yo que pensaba haber amado tanto!
      Arriba

      Soneto
        Si a veces silencioso y pensativo
        A tu lado me ves, querida mía,
        Es porque hallo en tus ojos la armonía
        De un lenguaje tan dulce y expresivo.

        Y eres tan mía entonces, que me privo
        Hasta de oír tu voz, porque creería
        Que rompiendo el silencio, desunía
        Mi ser del tuyo, cuando en tu alma vivo.

        ¡Y estás tan bella; mi placer es tanto,
        Es tan completo cuando así te miro;
        Siento en mi corazón tan dulce encanto,

        Que me parece, a veces, que en ti admiro
        Una visión celeste, un sueño santo
        Que va a desvanecerse si respiro!
      Arriba